Recuerdo seguir caminando y viendo los demás, escuche tu voz, cerca de mí y no pude evitar darme vuelta.
Te vi, parado frente al mismo libro que había captado mi atención. Me acerqué. En silencio, “- A mi también me gustó ese mismo libro”. Seguimos recorriendo juntos hasta la hora de volver a nuestro lugar de trabajo.
Al día siguiente bajé al patio, te busqué y no estabas en el mismo banco de siempre. Después te vi llegar, caminando tranquilo y recuerdo haberte sonreído como todos los días lo hacia desde la fila. Al terminar el tiempo libre volví al aula. Me senté en el mismo lugar de siempre junto con mi mejor amiga.
Quise guardar mi regla, ya casi llegaba la hora de irse. Abrí el bolsillo de mi mochila, pensaba encontrar los cuadernillos de las materias de día, pero para mi sorpresa había una bolsa de madera color verde.
Al principio creí que había sido una de mis amigas, con las que un tiempo atrás habíamos decidido jugar al amigo invisible. Abrí la bolsa. Lo primero que vi fue un sobre, en el frente tenía dibujada una flor, con lápiz negro. Descarté en ese momento que pudieran ser mis amigas.. al abrirlo reconocí tu letra, recuerdo mirar las bolsa y verlo ahí, el libro que había llamado la atención de los dos, envuelto en un papel barrilete del mismo tono que la bolsa. Debajo había pétalos de una rosa roja que había aromatizado las hojas del libro. Me enamoré, porque me habías escuchado hablar toda la tarde de las ganas de leer, de lo que me parecía que podía narrar el libro.
Cuando lo abrí encontré un papel pegado en la primera hoja impar, “ espero que te guste y lo disfrutes, nuestro libro”.
Supe que estaba eligiendo bien
Lo que nunca te dije: todavía guardo los pétalos de rosa, vuelvo a leer el libro cada vez que puedo, la nota todavía sigue pegada y cada vez que leo la palabra “nuestro” la piel se me eriza. También me imagino buscando mi final. Junto a vos


