Revivir.

Este monólogo lo escribí en un taller de dramaturgia que realice en el intercolegial de Teatro.
La profesora nos tiró palabras, mientras escribíamos que de alguna manera teníamos que agregar a la historia.
Las palabras eran las siguientes.
- Perro.
- Se abre una puerta.
- Ese olor.
- Quedé de cara.
- Me hizo sonreír.

Yo iba caminando, como caminamos todos. Normal ¿no?.
Bueno, yo iba caminando hasta la estación de tren. Estaba nerviosa, sentía que las manos me transpiraban, por eso me las secaba en el pantalón. Caminaba lento, con paso no tan seguro y mi cabeza no se quedaba callada.
¿Todo volverá a ser como antes? ¿Qué va a pasar cuando me vea?
Ya me acercaba a mi destino, me faltaban solo dos saqué mi teléfono para ver la hora, sonreí al ver la hermosa foto de mi perro fatiga. Faltaban solo cinco minutos para que llegara su tren.
Llegué y me senté en la banqueta frente a las vías. La transpiración recorría mi nuca. Llegó el tren y de repente se abrió la puerta y ahí estaba, tan lindo como siempre. Llevaba su remera preferida, esa que le había regalado yo, la de las estampas de los instrumentos. Su jean negro le quedaba mejor que nunca. Él salió corriendo y me besó, así sin preguntarme. Fue un beso húmedo pero corto. Y yo me quedé de cara, osea después de un año sin ver a una persona, ¿quién creería que la van a besar apenas la vuelvan a ver? Me abrazó, tenía ese olor cálido, ese olor que tanto me gustaba. Tenía olor a él. Me miró, me sonrió y me dijo:
- Hola So, te extrañe. Y eso obviamente me hizo sonreír, no me lo esperaba.
- Yo también te extrañé y creeme que demasiado.

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