Era primavera, el amor volaba en el aire. Te conocí un poco, solo por observarte en los pasillos, por comentar sobre vos con alguna amiga. Me gustabas, desde ese primer día en que me sacaste una sonrisa de la nada.
Antes las personas se conocían en una fiesta, los tiempos cambiaron, la mayoría de las parejas se conocen por una red social. Nosotros no fuimos la excepción. Se acercaba el 21 de septiembre del 2017, tu ultimo año en el colegio, subiste una historia a tu Instagram y no pude evitar querer respondértela. “si haces un concierto nosotros vamos a verte”, el primer paso que di. Nunca había pensado que yo podía provocar algo en vos.
Todavía me acuerdo el primer día que nos vimos personalmente, por ese entonces me estaba enamorando de vos, fue un día jueves, por la mañana. Recuerdo haberme sentado en el árbol que más me gusta de la plaza. Tomamos mates, medio en silencio medio no. Moría de vergüenza. No tenía idea de que hacer en ese momento. Estábamos bastante nerviosos. Nos mirábamos de reojo, cada tanto. Encontramos las miradas y sonreímos tímidamente. Cuando llegó la hora de irme recuerdo pararme frente a vos, te miré a los ojos, después los evité y pregunté si podía abrazarte. Lo hice. Te besé. Sin importarme nada más. Sin importarme quien estuviera a mi alrededor, si yo te gustaba o no.
Antes de irnos me diste un sobre. Tenia dos cartas, una en la que me decías que la vida es intentar y ver que pasa, jugársela. En la otra me decías que podías cuidarme. Que sabias que me ibas a hacer feliz. Y hoy me doy cuenta que tenías razón.
Lo que nunca te dije: Leí las dos cartas camino a casa, lloré, y mucho. No por tristeza, si no por emoción de recibir ese detalle. Todavía aun las vuelvo a leer.